septiembre 27, 2015

¡Es la nación, estúpido!

Por si a alguien le quedan dudas de mi punto de vista sobre los nacionalismos varios:
Salen a un balcón peleándose por poner trapitos de colores defendiéndolos como si la vida les fuera en ello porque llevan el patriotismo en la sangre; pero al darse la vuelta se ríen porque en sus carteras se amontonan los extractos de sus cuentas en Suiza o Andorra.
Se siguen riendo sabiendo que lo han vuelto a conseguir, que han vuelto a echar gasolina al odio mientras la masa reacciona tal cual, como un ente sin cerebro, sin ideas propias, con arrebatos de jauría... mientras los insultos arrecian: que si los catalanes son unos..., que si los españoles son otros...
En algún momento hace aparición, como en cualquier buena discusión entre gañanes de bar, el fútbol: "pues si no les gusta el himno que no vuelvan a jugar la copa ni la liga", "el Madrid tiene lo que tiene porque el régimen...". Algunos hablan de llevar los tanques o en el extremo contrario de "darles la independencia y no dejarles que vuelvan" (siempre me pareció ridículo aquello de "si sales por esa puerta no vuelvas" que suele conllevar el que salgan por la puerta aún más rápido). Otros dicen que gracias a la independencia se alejarán de la corrupción, los recortes y la dictadura (como si en la Generalitat no se hubiera visto a un "honorable" Pujol amenazando con lo que pasaría si se agitaba el árbol, los hospitales públicos no hubieran sufrido recortes vergonzosos, y los Mossos no repartieran los mismos palos o más que la UIP ni hubiera miembros condenados por torturas).
De repente nos encontramos con que aquel "Duelo a garrotazos" de Goya no está tan lejos, con que seguimos donde siempre sin haber conseguido avanzar ni menos aún evolucionar.
Seguimos tan cerca de las cavernas que alguien que se atreve a decir que no se siente "español" en ese sentido nacionalsocialista al que muchos te creen obligado (incluyendo besar la bandera o ir a jurarla si eres trabajador de RTVE) es automáticamente linchado mientras la frase "pues vete de España" tarda menos en aparecer que su variante "vete a Cuba" cuando les dices que eres de izquierdas. Pero es que si te atreves a decir que eres español, sin más, también tienes tu dosis de garrotes donde te intentan etiquetar de facha los que por su comportamiento podrían ser orgullosos miembros de aquel Fasci d'Azione de Mussolini. Así que hagas lo que hagas te van a ver como poco español o mucho español (que diría "caraplasma").
Y es que, cuando los que hace rato han abandonado el balcón (y tirado en cualquier rincón su trapito de colores hasta la siguiente ocasión) están durmiendo a pierna suelta tan tranquilos, lo que queda es esa masa con un pensamiento maniqueísta donde sólo existe el "conmigo o contra mí". Esa masa que hoy en día llena las redes sociales y las aplicaciones de mensajería de imágenes donde desprecian al catalán o al español. Esa masa que es la que te provoca vergüenza admitir que naciste en el mismo territorio; que te provoca asco cuando les ves ondear un trapo con un fervor que jamás has observado que tuvieran para defender sus derechos cuando se los recortaban (o quitaban directamente), y un odio hacia otros trapos del que tampoco has sido testigo contra quienes les roban para llenar las cuentas de paraísos fiscales lejos de las patrias que dicen que debemos defender.
Esas masas en un lado y en otro a las que te dan ganas de gritar que se están riendo en sus caras, y además lo están permitiendo porque son estúpidos. O más en concreto, el mismo estúpido con distinto trapo.