diciembre 14, 2006

...y la rabia continuó.

Hace dos días me preguntaba si la muerte de Pinochet iba a permitir dejar atrás los fantasmas que han seguido atenazando Chile a pesar de que el dictador ya no ejerciese su poder absoluto, después llegaron la capilla ardiente y el funeral...

La capilla ardiente fue visitada por unas 60.000 personas y pudimos ver la expresión del fanatismo absoluto en algunas de ellas, pero también pudimos oir, a parte de los lloros y gritos por el "salvador de la patria", los primeros insultos contra los españoles, después llegó el funeral...
Escuchamos de nuevo los insultos contra los españoles y vimos como la reportera de TVE era agredida e insultada sin que la policía presente hiciese nada para remediarlo.





Para quien haya vivido fuera del mundo el enconamiento mostrado contra la TVE y en general contra todos los españoles está producido por el Auto de detención dictado a Augusto Pinochet en 1998 por el juez español Baltasar Garzón por terrorismo y genocidio. Ese procedimiento cogió por sorpresa a Pinochet de visita en Reino Unido donde tuvo que permanecer más de un año justo cuando el dictador se había asegurado un retiro dorado y aparéntemente protegido al haberse nombrado senador vitalicio.

A pesar de que incluso parte de la derecha chilena dio al final la espalda a Pinochet una vez descubiertos sus fraudes fiscales (y por supuesto no por sus crímenes contra la humanidad) todavía hay muchos seguidores de uno de los personajes con el currículum más siniestro de el último cuarto de siglo. Es más, con estupefacción podemos comprobar que tiene seguidores más allá de las fronteras chilenas pues no sólo Margaret Thatcher ha dado frecuentes muestras de su admiración y apoyo al dictador sino que hace pocos días pudimos asistir a una defensa del mismo gracias a Manuel Fraga. Para el antiguo dirigente de Alianza Popular la gestión de Allende era un fracaso, lo que parece que para él es suficiente para justificar un golpe de estado contra un gobierno democrático, pero aún va más allá. Según Fraga un golpe de estado militar suele conllevar "cierta violencia" y es posible que en algunos caso se cometiesen "algunos excesos". Calificar las desapariciones, torturas, represión y demás tropelías de la dictadura de Pinochet como "algunos excesos" es símplemente vergonzoso.

Volviendo a la muerte del dictador podemos calificar ésta como el primer paso necesario para la normalización de Chile pero mucho me temo que al igual que sucedió en España tras la muerte de nuestro tirano particular todavía quedan muchos años para superar esa etapa.

Si bien el dictador no continuó con el poder absoluto hasta su muerte como Franco, su contínua presencia y burla a la justicia han provocado otros 16 años de retraso para la transición completa. Es más, hay muchos aspectos en los que Chile en la actualidad me recuerdan a la convulsa España de los primeros años post-franquistas. Aunque la presidenta Bachelet negó los honores presidenciales en el funeral de Pinochet, protocolo que fue ignorado ya que finálmente se colocó la banda presidencial sobre el ataud previa expulsión de la Ministra de Defensa mediante abucheos e insultos, son muchos los que piensan que en una situación de menos tensión y más fuerza por parte del gobierno ni siquiera se hubiesen otorgado los honores de General del ejército al finado.

La misma defensa por parte de un sector todavía importante del ejército de la actuación de Pinochet recuerdan a todos que Chile todavía hace equilibrios sobre una cuerda muy delgada que podría romperse en cualquier momento. Así pues tampoco me extrañaría si en un futuro se produjese un intento de 23F, aunque prefiero pensar que eso pertenece a una época pasada que nunca debería volver.

Mientras tanto, la rabia continúa.

diciembre 12, 2006

Muerto el perro ¿se acabó la rabia?

Hace dos días, moría, sin arrepentimientos ni condenas uno de los últimos dictadores de América, Augusto Pinochet y la mejor frase que he escuchado en estos días pertenece a un escritor uruguayo: "La muerte ganó a la justicia".

Si se fijan, sigo llamando dictador a Pinochet aunque todos hemos podido escuchar en los últimos días como la muerte del ex-dictador podía afectar a Chile... ex-dictador... supongo que si somos precisos con el lenguaje debemos ceñirnos a que oficiálmente Pinochet dejó su cargo de dictador en el momento en que dejó de ostentar el poder absoluto. Sin embargo no puedo evitar preguntarme, si reálmente una persona sobre la que pesaban más de 300 acusaciones, incluyendo torturas, desapariciones, asesinatos y fraude, y que no se ha arrepentido jamás puede en algún momento dejar de ser un dictador.

Con su desaparición se supone que debe llegar la calma definitiva a Chile de la misma manera que se tiende a presuponer que la muerte de un personaje con semejante historial sólo debe propiciar alegría. Hemos podido ver esa misma alegría en muchas calles no sólo de Chile sino también de España y sin embargo no podemos dejar de reparar en que miles de personas han acudido a la capilla ardiente del dictador... miles de personas. Sin ser un número excesivo para la población de Santiago de Chile sí que se trata de un número significativo. No es el millón de personas que acudieron a la muerte de nuestro dictador local (muy admirado por Pinochet) pero sigue siendo un número lo suficiéntemente llamativo para que nos preguntemos cómo es posible que en la calle siga habiendo gente que se mesa los cabellos mientras llora a quien consideran como un salvador de la patria e incluso como un padre...

La pregunta en definitiva es cómo surge siempre la gente que venera a quien gracias a golpes de estado contra gobiernos que juraron defender (en otros sitios se les conoce también como traidores) , años de terror y horror, y crímenes contra la humanidad se supone que salva la patria.

La pregunta también es como se pudo llegar a una situación en que derrotado el nazismo tras un derramamiento de sangre atroz muchos países terminaron gobernados por regímenes pseudo-fascistas que en ocasiones incluso habían posado junto a la máxima personificación del mal según era catalogado Adolf Hitler.

La respuesta a este último interrogante recordemos que está en el miedo a un comunismo que se extendía por el mundo alzándose en contra del ideal capitalista y que establecía regímenes y gobernantes iguálmente dictatoriales teniendo a la cabeza a Iosif Stalin, que por muy contrario a la ideología de Hitler que fuese no se quedó a la zaga.

Debido al miedo y en ocasiones al histerismo que despertaba el comunismo sobre todo en EE.UU (recordemos las cazas de brujas a mediados del siglo pasado y bastantes años después de Salem) se vió con buenos ojos que ciertos personajes de ideología anticomunista pudieran ejercer el control y a la vez hicieran la función de primera barrera de contención. Ese fue el caso de España que tras haber flirteado en un concurso de bigotes arrogantes (alguno se ve todavía hoy en día) soportó durante cuatro décadas las represiones, torturas, paseíllos y purgas de un hombre que acaudillaba hacia la "salvación" a un país por la gracia de Dios.

En Sudamérica la situación fue un poco distinta ya que un país fascista no podía ejercer de barrera directa efectiva hasta la aparición en el panorama internacional de Cuba, por lo tanto el continente se convirtió en un tablero de Risk ideológico.
Con el capitalismo y el comunismo luchando por influir o dominar los "países no alineados", EEUU optó por apoyar conspiraciones y golpes de estado, para impedir que los países, que poco a poco iban logrando comenzar su camino democrático por una vía de izquierdas, no pudieran caer en la órbita soviética.

Pinochet siguió un camino parecido al que siguió Franco, dando un golpe de estado contra un gobierno legal y comenzando una época de represión y miedo que dividió el país de manera tan radical que aún hoy podemos ver los restos de esa ideología que de vez en cuando sale de la madriguera en que se encuentra agazapada.
La gente que llora a Pinochet, los saludos romanos a su muerte (recordemos que los rescató de la historia Adolf Hitler con el objetivo de incluírlos en la parafernalia de sus multitudinarias reuniones del NSDAP), etc no quedan tan lejos ni son tan exóticos; sólo necesitamos acudir a la Plaza de Oriente cada 20 de Noviembre en Madrid (España) para ver una escena que se repite año tras año y donde a pesar de que cada vez quedan menos, se reúne gente en un número no excesivo pero si significativo.

¿Qué hay de las familias que sufrieron esas desapariciones de familiares, torturas, etc?. Si bien la gran mayoría de Chile ha celebrado la muerte del sátrapa por otro lado queda la desilusión de que a pesar de los 16 años transcurridos desde el abandono del poder de Pinochet no se haya conseguido una condena contra él, y que al contrario que muchos de los que sus familias nunca volvieron a saber, Pinochet haya muerto en su cama y reafirmándose en sus ideas hasta el último momento. Las transiciones, como bien hemos podido comprobar en persona, son difíciles y llevan su tiempo, pero aún así la sensación es de que Pinochet se ha reído de todo el mundo hasta el final.

Sin embargo dándole vueltas no nos debería extrañar tanto la "tardanza" de la justicia chilena. Al fin y al cabo en España todavía levanta ampollas el revisar condenas contra gente que símplemente se opuso al "alzamiento" y cada poco tiempo podemos comprobar como se intentan frenar los intentos de condena contra la dictadura franquista y el golpe de estado que la originó. En ocasiones podemos escuchar que las cosas del pasado hay que dejarlas en el pasado, pero hay pasados que nunca se pueden olvidar o que por lo menos sólo son olvidables por la gente que en su momento no sufrió los paseíllos y demás alternativas para unos ajusticiamientos que después de golpes de estado, guerras, etc siguieron cebándose en quien no compartía la misma visión sobre lo que era salvar la patria. Y recordemos que esas torturas no se limitaron a un corto periodo tras el golpe de estado sino que persiguieron a los que no se habían manifestado a su favor lustro tras lustro... y en su caso no parece que dejasen el pasado en paz.

Mientras aún queda en pie el último dictador de Sudamérica, Fidel Castro (pues como ya hemos visto con Hitler y Stalin se puede ser igual de criminal a un extremo o al otro de la cuerda ideológica), sólo puedo pensar que muerto Pinochet... no se acabó la rabia.