octubre 08, 2018

Camino del abismo: Brasil



No lo entiendo. Bueno, entiendo el proceso, pero me aterra lo lejos que queda de cualquier lógica. Lo enormemente absurdo que resulta ver que una y otra vez la gente en una situación de crisis es capaz de convertir en salvador el discurso del odio.

Que una y otra vez funcione el miedo, la frustración y la rabia, para que la gente prefiera cambiar el pensar por sí misma por la supuesta seguridad de pertenecer a una masa ciega. Masa que se mueve azuzada por el salvajismo de los que buscan en lo diferente al enemigo.

Que haya quien todavía sea capaz de disfrazar como la virtud de ser "políticamente incorrecto" al vomitivo discurso machista, racista, homófobo...

Me asquea que el discurso que tira del nacionalismo más casposo, para levantar a golpe de "patria" a las sociedades en crisis, convierta a la gente en ciega, sorda, y muda, ante los personajes más abyectos.

Y me aterra que parezca que cada vez estemos cogiendo más carrerilla a la hora de repetir lo que nos llevó a una de las épocas más horribles del ser humano.

Anoche, en Brasil, Jair Bolsonaro, el candidato de la ultraderecha estuvo a punto de ganar las elecciones sin necesitar una segunda vuelta al quedarse al borde del 50% de los votos, sacando 17 puntos a su principal rival.

Bolsonaro.

Alguien que alaba sin cortarse al coronel Ustra, torturador y asesino de la dictadura.

Que dice que su hija, tras cuatro hijos, fue un momento de debilidad.

Que responde a una diputada que no la violaría porque no se lo merece.

Que se declara pro-tortura.

Que asegura que la única forma de cambiar las cosas es una guerra civil matando a miles de personas, y si unos cuantos inocentes mueren no pasa nada.

Que prefiere que un hijo suyo muera antes de que sea homosexual.

Que dice de los descendientes de los antiguos africanos esclavizados en plantaciones de caña de azucar, y que se rebelaron, que no sirven para nada. Ni siquiera para reproducirse.

Ese es Bolsonaro. Pero hay algo peor aún.

No es solo Bolsonaro.

Y no, no está pasando solo en Brasil. ____________ Foto | The Guardian



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