mayo 22, 2018

make eJpaña great again



Lo vuelvo a repetir (siempre es necesario ante los de la respuesta del manual patriota). No me avergüenza la palabra España, pero me avergüenza, y me produce profundo asco, el mandato que intentan imponer algunos para señalarte como buen o mal español.

Y ahora, también, me produce miedo.

Esos mismos “algunos” que todavía tienen la poca vergüenza de decir que no hay que estar a vueltas con el pasado, porque les interesa que lo olvidemos, ya que así no sabríamos ver que el discurso que hace un poco más de un día sonaba no era ningún cambio, ni ninguna novedad; sino un viejo y asqueroso conocido.

El discurso de quienes prefieren vendar los ojos con un trapo de colorines, de quienes prefieren callarte señalándote como antipatriota si te atreves a protestar, el discurso donde el himno de turno tiene que sonar tan fuerte que se silencien los pensamientos propios en pos de la unidad y su pensamiento único.

El discurso que sonaba hace poco más de 24 horas no sólo es un discurso fácilmente reconocible en la boca de otro Rivera, el fundador de la Falange Española. Es el discurso que también hemos conocido a lo largo de la historia cuando se ha apelado a la unidad de la masa bajo ideales nacionales, esa masa que ha hecho que después nos hayamos terminado preguntando como pudieron encumbrar a monstruos que forman parte de las pesadillas de la historia.

Es el discurso que siempre ha sacado más rédito valiéndose de momentos de crisis, de desesperanza para la gente, incluso de temor. Haciéndoles sentir que los miedos, la impotencia, la sensación de indefensión, desaparecían en la seguridad de la unidad, al formar parte de un grupo donde solo necesitas dejarte arrastrar, donde solo debes obedecer, porque ya piensan otros por ti.

Hace solo dos años el actual Rivera respondía, cuando le preguntaban si Venezuela era una dictadura, en las dictaduras no hay democracia ni libertad pero hay cierta paz y orden, porque todo el mundo sabe lo que hay para a continuación agregar que Venezuela era una tiranía arbitraria donde nadie sabía lo que decían las leyes.

Y, aunque han hecho todo lo posible para que se olvide, y hay quien ha intentado desdecirse proclamando que fue un error, en 2009, para las europeas, un partido xenófobo de extrema derecha, Libertas, se presentó en varios países, acogiendo bajo su ala a otras formaciones. En España la lista que concurrió fue la de Libertas - Ciudadanos, siendo Ciudadanos considerada en aquellos momentos como “la franquicia en España de Libertas”.

Con ese dato no haría falta ni entrar en la denuncia de Enrique de Diego, fundador de Intereconomía sobre la supuesta financiación por parte de Declan Ganley, fundador y presidente de Libertas, de la formación de Rivera.

Ya es suficientemente grave conocer sus compañeros de viaje para que, cuando oigamos discursos sacados de comienzos de la década de los 30, sentir que se nos eriza la piel sabiendo que toda la maquinaria lleva tiempo trabajando a todo trapo para alzar a Ciudadanos hasta el gobierno. A golpes de encuestas que eran imposibles de sostener hasta que empezaran a calar y convertirse en realidad.

Un amigo con quien comentaba el discurso me decía que Ciudadanos ha hecho lo que hasta ahora el PP no se había atrevido a hacer directamente, y en todo caso, añadiría yo, de tapadillo. Lanzar un discurso que llama abiertamente al electorado de la derecha más extrema, de los golpes con sonido nacionalista (aunque dudo si con C o con Z) en el pecho, intentando aprovechar además una época de extremos tan marcados como la que estamos viviendo a raiz del conflicto en Cataluña. Pero eso la Falange también lo conocía bien cuando hablaba del separatismo en sus Puntos Iniciales en 1933.

Sin embargo lo peor, lo más terrorífico, es que lo conseguirán; porque el discurso del orgullo nacional, del “make (pon la palabra de tus sueños húmedos patriotas) great again”, sigue funcionando a golpe de seguridad a cambio de libertad. Después nos volveremos a preguntar eso de “¿Pero cómo fue posible que llegara al poder…?” mientras intentamos apartar la mirada del espejo.

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