febrero 10, 2018

De como nos roban la libertad de expresión por encima de nuestras posibilidades

Esta semana saltaba la noticia de que un joven había sido multado por subir un montaje fotográfico con su cara en la imagen de un Cristo. 480 € de multa para un chico al que lo mismo le daba coger una imagen de Leonardo DiCaprio poniéndole su cara que cualquier otra imagen.

Foto montaje por el que ha sido multado un joven en Jaén
La diferencia esta vez es que la Cofradía que lleva esa talla de madera, porque no olvidemos que es una talla de madera representando el supuesto aspecto de Cristo, cuya imagen no tiene por qué coincidir con el que luce en otras tallas de madera (igual deberían las cofradías que llevan tallas de Cristo con distinto aspecto empezar a denunciarse entre ellas), decidió tomarse el montaje del chaval como una burla hacia ellos. ¿Por qué? Porque sí. Porque no hay nada más “normal” que el tomarse como un ataque directo algo que ni siquiera pensaba en tí. Como el que va por la calle, se cruza contigo mientras te ríes por cualquier tema, y te acusa de que te burlabas de él. Vamos, lo más “normal” del mundo.

Da lo mismo que durante siglos, para las pinturas religiosas, se haya usado la cara de quien pagaba el cuadro, o en otras ocasiones amigos, familia, pero también amantes e incluso rostros de prostitutas para representar a la virgen

El caso es que entre las respuestas a la noticia me he encontrado a los típicos de “con Mahoma no hay huevos”, que dan tanta pena mostrando sus limitaciones mentales que ni merece la pena señalarles que en ese momento en realidad se están poniendo a la misma altura de los fanáticos que pueden acribillar una redacción porque se ha dibujado la figura de su profeta. (Cuando escuchéis a alguien soltando lo de “pues con el Islam no te atreves” corred).

También ha habido respuestas de “es culpable porque él mismo se ha declarado así”. Nos ha jodido, porque una vez denunciado le exigían 2160 € o 6 meses de cárcel en caso de no pagarlos, y ha tenido que llegar al acuerdo de declararse culpable para que le bajaran la multa a 480 €. Un día se declarará culpable alguien porque en caso contrario amenacen con matar a su familia y todavía habrá quien diga “él mismo lo ha admitido”.

Y también, y me sorprende cada vez que miro el calendario y veo que estamos en pleno 2018, han salido muchos hablando del respeto, de que hay que entender a los que se ofenden, de que hay que mirar lo que se hace si puede provocar polémica…
Y volvemos a lo mismo. Si hay que entender a quien se puede ofender entonces la siguiente vez el "Je suis Charlie Hebdo" os lo podéis meter por donde os quepa, porque hay que entender a quien se puede ofender y no provocar “polémica” ¿verdad?

Pero es que las ofensas y faltas de respeto, de nuevo, están en los cerebros de los fanáticos que deciden que cualquier cosa que otro esté haciendo es con el objetivo de reírse de sus “sentimientos”.

La diferencia es que hasta hace no mucho, de lo que uno se reía no era de las creencias, sino directamente de esos fanáticos que se tomaban todo como un ataque personal, y, por salud mental, se les ignoraba. Pero hoy en día los fanáticos se están encontrando cada vez con un mayor respaldo a costa de limitar la libertad de expresión que tanto tiempo costó conseguir.

No sólo el presentador de televisión Jesús Vázquez recordaba que hace casi 18 años se publicaba una portada con él mismo llevando una corona de espinas. La acompañaba el texto “La pasión de Jesús. Entrevista a un ídolo crucificado”, y no pasó absolutamente nada. Es que casi a la vez, en 2002, Extremoduro presentaba su disco “Yo, minoría absoluta” con una portada con un Cristo con dos pistolas (nunca mejor dicho), y tampoco pasaba nada.

Portada del disco de Extremoduro en 2002
¿Qué es lo que ha cambiado entonces para que en 16 años de repente una fiscalía pida más de 2.000 € o pena de prisión por un montaje y un juez termine por imponer una multa en vez de simplemente desestimar la demanda? Ha pasado un clarísimo retroceso y recorte en la libertad de expresión.


Está claro que ella no se reía de las víctimas del terrorismo, así en general como la acusaron, está claro que ella no defendía que ETA asesinara, sin embargo los chistes que llevaban haciéndose cuatro décadas de repente la convertían en culpable, aunque hasta la nieta de Carrero Blanco viera un disparate la condena.

De lo mismo, aunque por suerte se archivó, se acusó al humorista Facu Díaz por un sketch en el que encapuchado anunciaba la disolución del PP como banda criminal, alegando que como tenía a tantos imputados y encarcelados ya no les quedaba gente para conformar listas electorales.

Quedaba totalmente claro que se reía del PP y de todos sus casos de corrupción, pero tuvo que ser el juez el que dictaminara que “no se estaba riendo de las víctimas del terrorismo”…

Vergonzoso fue también el caso de los titiriteros de la compañía “Títeres desde abajo” que acabaron encarcelados por enaltecimiento del terrorismo ya que en un momento determinado de una obra se mostraba el cartel “Gora Alka-ETA”. La obra “La bruja y don Cristobal” era conocida porque ya se había representado, y existían vídeos donde se podía ver exactamente la escena, donde a la protagonista, a la que dejaban inconsciente, le colocaban ese cartel para incriminarla. Es decir, que para más inri denunciaba un montaje policial.

Nada de eso importó para la denuncia, ni para el juez que podía ver comprobar el vídeo, y tuvo que pasar un año para que se archivaran todos los cargos; primero los de enaltecimiento del terrorismo, después los de delito de odio.

Y así una larga lista que acelera en los últimos años a la que se suman condenas contra cantantes como César Strawberry, Pablo Hasel, Valtonyc, etc.

Quizás la muestra más clara de como hoy en día hay una jauría infectada de fanatismo que se siente cada vez con mayor poder la tengamos en el caso de los chistes de Irene Villa.

Después de que el juez archivara la causa contra Guillermo Zapata por los chistes que había citado en Twitter al mandar la propia aludida un escrito en el que explicaba que no se sentía humillada y había convivido con el humor negro desde el atentado y lo entendía como una sátira, fue la misma jauría la que se volvió en contra de Villa por atreverse a no sentirse ofendida por chistes hechos por un atentado que sufrió ella

Sí, en muchos casos finalmente lo que consiguen estas denuncias es el conocido Efecto Streisand donde al intentar prohibir algo lo único que se consigue es que se multiplique quien replica lo que querías censurar, como ha pasado con las redes inundadas de montajes con otras caras en el mismo Cristo, pero aparte de esas reacciones nos tenemos que preguntar cómo estamos dejando que día a día, por mucho que nos indignemos después, no están robando de esta manera la libertad de expresión.

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