febrero 11, 2018

Peligro. Cotos de caza... machistas

Hemos visto como se ha tenido que lanzar el mensaje de "NO es NO en ciudades como Madrid o Zaragoza para que intentara calar algo que resulta tan ridículo que haya que exigirlo, que las mujeres puedan disfrutar unas fiestas sin sufrir acosos, que es imposible no pensar que tienen en la cabeza los que nos llevan a esta situación.



Pero más allá de los “machitos” que se ofenden cuando una chica les responde que no necesita sus valoraciones sobre como viste o su cuerpo, lo que ellos insisten en llamar “piropos”, defendiéndolo como algo “tradicional” (menos mal que ya no siguen con la tradición de secuestrar a las mujeres del clan rival). Más allá de los que en unas fiestas, o en un bar cualquier fin de semana, no son capaces de entender a la primera cuando no hay ningún tipo de interés, cuando molestan, y encima llegan a responder de forma ofensiva, cuando no hasta violenta. Más allá de lo que sucede en la calle, las redes sociales y aplicaciones de mensajería se han convertido para algunos en otro coto de caza.

Y no se trata de aplicaciones como Tinder y similares, sino de aplicaciones y redes donde ciertos comportamientos ni siquiera deberían pasársele a nadie con más de una neurona por la cabeza.

LinkedIn

Es el caso por ejemplo de LinkedIn. Una red social profesional. Es decir, que permite poner en contacto a gente en función de sus respectivos ámbitos y puestos de trabajo para establecer una red de contactos profesionales. Punto.

Debería ser fácil entender que en una red así, más aún que en otras incluso, resulta ridículo que alguien se dedique a enviar mensajes a mujeres que no conoce para ver si “cae” alguna. Pero se ve que no.

 

Algunos con esta conversación dirán que tampoco es para tanto, que tampoco ha sido ofensivo, que sólo intentaba… ¿intentaba qué? Estamos hablando de una red social de profesionales donde con los primeros mensajes se puede entender que alguien se pone en contacto contigo por un motivo profesional. Además alaba tu currículum, y todo parece normal, hasta que de repente empieza a preguntar por tu vida personal.

Por supuesto no le vale con una primera respuesta negativa donde queda más que claro que no es un tema del que interese hablar, te empieza a contar su vida y vuelve a la carga para a la segunda entender que no le va a funcionar y despedirse con un “que te vaya bien, que te lo mereces”. Perdona, no la conoces de nada, ni siquiera para decirle lo que se merece o no, y lo único que ahora ella conoce de ti es que al parecer dedicas tu tiempo libre a ir mirando perfiles de LinkedIn como si fuera tu reserva de caza.

Pero claro, siempre hay casos peores, donde aparecen lo que se conoce como “fotopolla”. Esa imagen que de repente te manda de su miembre el macho de turno, sin que se la hayas solicitado, sin que venga a cuento, y por supuesto, intentando como todos a los que la neurona no les da para más, el usar el mejor ángulo en la fotografía para intentar compensar su limitación mental y física con el efecto óptico. Y sí, en LinkedIn también hay “amebas de dos patas” así como se puede comprobar en el mensaje en Twitter de denuncia.

WhatsApp y Telegram

Las aplicaciones de mensajería tampoco son un territorio libre de machos de la caverna, porque en muchos casos, WhatsApp sobre todo, se terminan convirtiendo en las herramientas para poder tener una comunicación más directa a partir de un anuncio publicado en otras redes, como en este caso el del alquiler de un piso.

Una conversación sobre el alquiler de un piso para una estudiante donde sin venir a cuento le “proponen” que el piso le puede salir “gratis” acompañado de la “fotopolla” correspondiente, porque si algo distingue a estos unineuronales es la sutileza. Y porque es lo más normal del mundo que a una mujer que no conoces le digas que te puede pagar el piso con sexo…


Como dicen a continuación del mensaje en Twitter de denuncia “JAMÁS he sabido de ninguna mujer que mande foto-genitales indeseados a desconocidos en situaciones similares. A lo mejor, A LO MEJOR, sí que es un problema de género, eh.”

Mientras tanto en Telegram, una aplicación que por lo general goza de buena publicidad respecto a la privacidad, he visto directamente el caso de una chica que tuvo que dar de baja su cuenta debido a los mensajes constantes indeseados.

Telegram ofrece la posibilidad, para no tener que dar tu número de teléfono para hablar (lo que se supone te da un plus de privacidad), de elegir un alias, por ejemplo @pepita, alias que se puede localizar en el buscador de Telegram. Pero a la vez no incluye hasta ahora una opción tan básica como poder limitar que tu foto sólo la vean quienes están en tu agenda de contactos. ¿El resultado? Que a los pocos días de elegir el alias le empezaran a llegar mensajes al teléfono de tíos a los que no conocía de nada queriendo “hablar” con ella. Tíos que se dedican a hacer búsquedas con las primeras letras de nombres femeninos a ver que fotos les aparecen.

También te puedes encontrar con que de repente te empiece a escribir un desconocido por WhatsApp y se trate de un repartidor que ha decidido guardarse tus datos obtenidos en su trabajo para lanzarte sus ganas. Algo que da mucha “tranquilidad”
O repartidores que tienen todos tus datos y de repente se ponen a escribirte para ofrecerte “masajes relajantes a domicilio”.
O repartidores de comida que de repente te empiezan a escribir y preguntar si tienes novio y esperan verte la siguiente vez que encargues comida, mientras que la empresa, cuando te quejas, lo máximo que hace es ofrecerte un descuento por el “inconveniente”.
O encontrarte con que al responder a una oferta de empleo como canguro te pidan que seas “cariñosa, abierta, cercana de confianza y complaciente porque buscan algo más.

Wallapop

Wallapop es una especie de red social para compraventa de artículos que incorpora su propio servicio de mensajería para poner en contacto a vendedores con los posibles compradores. Sin embargo es cada vez menos sorprendente encontrar a machos que escriben sin ningún interés en el producto que se vende, sino simplemente para usarlo como coto de caza de los perfiles de vendedoras.

Redes sociales

El caso es que, por mucho que los machos de turno digan que todo es una exageración, que parece que ya no se va a poder decir nada a una mujer sin que se les acuse de machistas (lo que da una idea de sus limitaciones mentales a la hora de no saber distinguir entre no decir nada y ser una babosa), que si es por las feminazis nos extinguimos porque ya no se puede “ligar” como siempre se ha hecho (siempre me acordaré de la respuesta antológica que leí hace poco acerca de ese término “Si existieran las feminazis a alguno no os quedaban dientes”) el acoso tanto a través de aplicaciones de mensajería como de redes sociales es por desgracia demasiado habitual como recogen en este artículo de La Marea.

Y mientras hagamos como que tampoco es para tanto, y le quitemos hierro diciendo que sólo se trata de “ligar”, seguiremos permitiendo que el machismo acose a las mujeres en todos los ámbitos, haciéndoles sentir que no hay ni un espacio en que no tengan que estar pendientes de defenderse.

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