febrero 20, 2018

¡Largaos vosotros! ¡Fanáticos!

Salvo que vivais en una cueva habréis visto como las noticias llevan dos días alimentándose a base de tirar otra vez de patriotismo, pero de ese patriotismo ridículo que se centra en la importancia de ponerle letra al himno de España mientras les siguen robando, recortando, y quitando derechos a los españoles.

Me trae bastante sin cuidado, por no decirlo de otra forma, que Marta Sánchez se haya lanzado a intentar ponerle una letra al himno, que diga que le ha venido en un flash mientras estaba en Miami (recordemos a esos grandes patriotas que se van a otros países a tributar), o que haya gente tan borrega que son incapaces de protestar por sus derechos pero están pegándose golpes en el pecho firmando campañas para que el himno con esta nueva "letra" sea cantado en un partido de fútbol. Y dejaremos para otro día como maś de una vez coincide el "gañanismo" para juntar deporte, nacionalismos, etc.

De la calidad de la letra no voy a hablar, ni de si sus motivos son, como algunos dicen, intentar aprovechar el momento de exaltación del aborregamiento para que vuelvan a hablar de ella. Pero es que lo de Marta Sánchez ni siquiera es original ya que se puede encontrar todas las veces, incluso la última hace pocos años, que ha fracasado poner letra a la marcha granadera. Y si incluso en época de Franco y Pemán no funcionó, estando el "españolímetro" por las nubes, imaginaos ahora.

Lo realmente ridículo no es la letra, es la respuesta de políticos que tiran del fanatismo nacionalista, del rebaño al que si hace falta azuzan para que se convierta en jauría con la misma falta de neuronas. De quienes salen a decir que uno se debe sentir orgulloso de haber nacido en determinado sitio, y de los que llegan a hablar de que hay que mostrar el patriotismo español sin complejos.

Y en el caso de Marta Sánchez lo ridículo ha sido esa respueta tan típica de "si no te gusta vete a otro país". Una respuesta que siempre sirve para definir no a quien la recibe, sino a quien la lanza, por evidenciar sus limitaciones a la hora de razonar.

Le joda a quien le joda, no hay motivo de orgullo en una palabra que nos inventamos para definir el espacio entre unas líneas imaginarias sobre un mapa. Una palabra que ahora es España, pero que como la historia nos ha enseñado, no sólo no era la que siempre ha nombrado a la misma región, sino que tampoco nadie sabe si en un futuro será la misma palabra que se siga usando. Y si no pensad en otras como URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia...

Y lo mismo se puede aplicar al trapito de colores que ahora se usa para representar a la misma región. Un trapito que tampoco ha sido siempre el mismo, que ha perdido y ganado colores, diseños, incluso aguiluchos infectos con el tiempo.

Decían en la película "Martín Hache", en un pequeño monólogo que se debería enseñar en las escuelas:
El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental. ¡La patria es un invento! ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño? Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués. Una estadística, un número sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente; tu país son tus amigos.
Y jamás es posible decirlo de manera más acertada, porque por mucho que hablen del orgullo de haber nacido en determinado sitio, no hay ningún mérito en hacerlo, es simplemente el azar, la suerte, o desgracia, que tienes de nacer aquí o en un país donde podrías haber muerto ya de hambre. Es un cúmulo de circunstancias aleatorias que han hecho que en el último sorteo te toque esto, como te podía haber tocado cualquier otra cosa. Por eso no se trata de decir sin complejos que uno se siente orgulloso de ser español.

Te puedes sentir orgulloso de gente que tienes a tu lado, de tu gente, con la que compartes tu vida, con quien intentas avanzar, pero no de una palabra, ni de un trapito, ni de unas líneas imaginarias que se han movido precisamente al antojo de todos los nacionalismos posibles.

Si eliges para tu orgullo algo más que no sea tu gente es tu gente la que no se debería sentir orgullosa de ti, porque si eliges el gritar "yo soy español" como si fuera un mantra igual deberías plantearte de qué te estás sintiendo exactamente orgulloso.

Pregúntate con qué te gusta que te identifiquen para sentir orgullo.

¿Un presidente inepto que dice que el agua de la lluvia nadie sabe de donde viene? ¿Políticos que se pasan el día sin admitir culpas y dimitir mientras lo esquivan respondiendo "y tú más"? ¿De que nos quieran cobrar por el sol? ¿De los recortes en una sanidad pública, de la que sí nos podíamos sentir orgullosos, para arruinarla y beneficiar cada vez más a la sanidad privada? ¿De que se te rían en la cara dicendo, para justificarlo, que no puede ser todo gratis cuando en realidad la sanidad pública la pagamos desde que empezamos a cotizar con nuestro trabajo? ¿De impresentables que son capaces de decir que hay gente que está demasiado tiempo cobrando la jubilación mientras se dedican a jugar al Candy Crush en el congreso? ¿De que nos prefieran atontados, sin estudios, sin capacidad de pensamiento propio para que resultemos más dóciles, recortando en educación y dejándola al alcance de unos pocos bolsillos agradecidos? ¿De que encima te echen en cara que hay "titulitis" como si fuera culpa tuya sacarte una carrera, en vez de aprovechar una población con estudios para que el país avance? ¿De que te digan que si no te queda otra que no sea marcharte del país es porque en realidad eres un aventurero? ¿De gente que sufre pobreza energética y calienta su casa (si no les desahucian) en invierno con velas mientras las compañías energéticas son indultadas para no pagar multas y sus beneficios son cada vez mayores? ¿De que te digan que la culpa de la crisis es tuya por vivir por encima de tus posibilidades cuando en realidad es una estafa y te han estado robando a manos llenas con tarjetas blanck, sociedades off-shore en Panamá, etc? ¿De que les paguemos a los bancos 60.000 millones para salvarles diciendo que se devolverá, que no se haya hecho, y mientras veas a directivos que se marchan con indemnizaciones millonarias gracias a sus claúsulas blindadas mientras el banco quiebra? ¿De que te suban los impuestos mientras a sociedades y empresas se los mantienen en mínimos, y cuando pides, ya no que paguen más, sino igualdad y que paguen el mismo porcentaje, te llamen egoísta a ti y digan que si se es estricto con las empresas entonces no vendrían a España? ¿De los cientos de casos de corrupción, incluyendo los que prescriben, y los muchísimos más de los que no nos enteramos?

Podríamos seguir con muchísimos ejemplos, pero cuando eliges un trapito de colores para tener sueños húmedos con él exactamente ¿de qué te sientes orgulloso de todo lo anterior?

A mí no me avergüenza la palabra España porque es un término inventado, como las líneas del mapa, y la combinación de colores del trapo. Si me puedo sentir orgulloso de mi gente lo que me avergüenza también es otra gente, no conceptos vacíos. Lo que me avergüenza es que me puedan relacionar con el rebaño capaz de exigirme cómo debo sentirme de orgulloso gritando la palabra España. Esa masa capaz de cerrar los ojos, oídos y boca, pero que si expones que te da vergüenza, rabia y asco lo que hacen con tu gente son capaces de gritarte "pues si te avergüenza ser español vete a...".

Porque incluso en eso tu nacionalismo tiene la misma originalidad que el que Marta Sánchez intente ponerle letra al himno, ninguna. No eres especial. Y repetirás como un loro el llamar populista a quien exige que la gente tenga derechos, llamarás antisistema a quien denuncie que la gente está siendo estafada por el sistema, y les gritarás que se vayan a Cuba, Venezuela, Corea del Norte, o el país que los que te aborregan desde los medios cómplices te digan que recites.

Al final, y recordando otra película, con tu nacionalismo te comportas igual que aquellos "marcianitos" de la película "Toy Story", defendiendo con el mismo atontamiento que si fuera "el gaaaaanchooooo" un simple trapo, o un himno. Repitiendo con las neuronas anestesiadas que el gancho os elige (algo muy habitual también en los nacionalismos que terminen proclamándose "pueblos elegidos").

El personaje de Woody les gritaba "¿Qué hacéis? ¡Fanáticos!" y quizás es la mejor respuesta que os merecéis. ¡Largaos vosotros! ¡Fanáticos!



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