julio 28, 2016

Machismos mal entendidos y feminismos mal aplicados

Pérez Reverte a veces tiene ramalazos que me producen el mayor de los rechazos, otras, desde la incomodidad, tengo que reconocerle verdades como puños, y en otras sólo me queda aplaudir.

En este caso sólo me puedo sentir identificado ante algo que a mí también me ha pasado y que me ha dejado sin saber decidirme entre la incredulidad y la rabia por quien se atreve, sin conocerme, a adjetivarme de una forma que para mí es un insulto bastante grave. Ser un machista.

Soy consciente de que, aunque intente siempre defender la igualdad con la que debería ser tratada cualquier persona en cualquier circunstancia y momento independientemente de su sexo, hay detalles, respuestas, reflejos, condicionados simplemente por vivir y crecer en una sociedad eminentemente machista en los que ni reparo. Y es algo a superar y que debe ser cambiado. Sin embargo, no apoyo esa visión que promueve, incluso cuando se intenta aprender, cuando se intenta cambiar, que cualquier hombre, por el simple hecho de serlo, es opresor y enemigo, sin posibilidad de aprender ni cambiar. Esa visión de algunas mujeres que lleva literalmente al insulto automático, no sólo ya contra cualquier hombre, sino incluso contra cualquier mujer que no comparta exactamente sus estándares de feminismo.

Por eso, al leer el artículo de Pérez Reverte, he recordado esos momentos en que he tenido que explicar, cuando le he sujetado la puerta a una mujer, que no lo hacía por un gesto de atávico machismo, porque también la sujeto si coincido con otro hombre simplemente por educación. Que si veo que una mujer va a aparcar y me ofrezco a ayudar (siempre pregunto antes de meterme) indicando si puede retroceder más o menos antes de chocar, no lo hago porque crea que por ser ella mujer no sepa hacerlo, o yo por ser hombre se me de mejor; que lo hago igualmente si es un hombre quien aparca, si es mi padre que lleva toda la vida conduciendo, y que además yo ni tengo carnet de conducir así que no soy quien para dármelas de saber aparcar mejor que nadie (y espero que el día que me saque el carnet alguien se ofrezca a indicarme cuando yo esté desesperado tras "tropecientas" maniobras). Que si veo que una mujer tiene que subir un carro de la compra lleno por unos escalones, y me ofrezco a subirlo entre los dos, no la creo débil por ser mujer e inferior físicamente a mí por yo ser hombre; que una de las primeras cosas que compré cuando me independicé fue un carro de la compra, y a veces, con la caja de 12 litros de leche debajo, y el carro hasta los topes, me daría la vida que cualquiera se ofreciera a ayudarme a subir unos escalones.

En definitiva, que si sin conocerme me llamas machista porque tenga un gesto contigo que tendría con cualquiera, no eres más feminista, no me dejas en evidencia, no ayudas a que cambie nada, no luchas contra los múltiples y asquerosos machismos y micromachismos que impregnan la sociedad, ni te conviertes en una abanderada entre todas las mujeres (que en realidad son todas) que los sufren diariamente de una forma u otra... lo único que consigues es dejar en evidencia tu ignorancia al insultarme, simplemente por ser un hombre y tú una mujer, y convertirte en un remedo de aquello que criticas.

Artículo de Pérez Reverte:
http://www.zendalibros.com/no-una-senora/

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